Tuesday, November 2, 2010

Final Essay for Literatura Latinoamericana

This is my last week of class, so yesterday was pretty intense. I had two final exams in my two literature classes, and a paper due in Latin American Literature. Being the procrastinator I am, I didn't start the paper until Sunday night, stayed up until 3:30 am writing it, was only about 2/3 done, and planned on waking up early to finish it and then study for my exams. I failed to wake up early, got up at 10:30, and finished the essay around 1:30, leaving me very little time to study as I had class at 4:00. However, I am very happy with the essay. It's about 6 pages long, and I wrote it about Roberto Bolaño's novel Nocturno de Chile and how it expresses the "collective memory" of Chile during their time of political unrest in the 1970's and '80's.

If you are literate in Spanish or just want to get an idea of what you can do after living in a Spanish-speaking country for 4 months, you should check it out. I copied and pasted it below because I'm so proud of it, hah. When I came here, I had only taken two semesters of Spanish in my life (101 and 102 last year at MSU) and was in no way literate in Spanish, nor could I even write a page without looking up 20 words and phrases and how to conjugate every verb. I still have to look up words and phrases when I write in Spanish, but it is a lot easier for me now! I am also literate enough to read books like Nocturno de Chile without looking up too many words. It's amazing how much you can learn while studying abroad...


Nocturno de Chile y la Memoria Colectiva de Literatura

La literatura latinoamericana es único en el mundo no sólo por el hecho que es “latinoamericana,” sino por lo que significa esta adjetiva. La “América Latina” actual surgió después de una historia complicada y llena de conquista, conflicto, tragedia, y lucha hegemónica. Por eso, las obras que podemos llamar “literatura latinoamericana” están escritos por autores quienes vivieron esta historia, y su parte de la historia está dentro de su literatura. Puede estar en una manera obvia o críptica, pero sí o sí está allí; en América Latina, la literatura y la historia están inextricable más que en la literatura más conocido del resto del mundo.

La que hace este fenómeno posible es la memoria, la que tiene cada autor latinoamericano, la que está latinoamericana en sí misma, y la que está parte de la historia. De hecho, la combinación de todas las memorias latinoamericanas forma la historia latinoamericana, y todas las obras escritas de estas memorias forma la historia latinoamericana como el resto del mundo la conoce. Entonces, es posible llamar esta historia “la memoria colectiva,” una cosa compartida porque “las memorias individuales están siempre enmarcadas socialmente” (Jelín 20). Es claro que toda América Latina no tiene la misma historia, pero cuando hablamos de un país durante un tiempo específico, es más fácil imaginar “la memoria colectiva.” Está hecho de todas las memorias individuales, que pueden manifestarse en “testimonios,” la forma más conocido de contar la historia de un individuo. Pero cómo se manifiesta “la memoria colectiva” es más complicada; si una obra se trata de toda la historia compartida no se puede relatarla con sólo un narrador sin llamarla ficción.

En su texto “¿De qué hablamos cuando hablamos de memorias?” Elizabeth Jelín describe la idea de “la memoria colectiva” como cosa propia de cada persona, porque “uno no recuerda solo sino con la ayuda de los recuerdos de otros y con los códigos culturales compartidos, aun cuando las memorias personales son únicas y singulares…toda memoria es una reconstrucción más que un recuerdo” (20-21). Dicho así, la historia escrito se trata de la misma cosa de que se trata “la memoria colectiva;” son lo mismo. Un libro de historia trata de reconstruir la historia específica de un grupo de gente en un lugar durante un tiempo en el pasado; la memoria colectiva hace lo mismo, pero con la dimensión adicional de la punta de vista humana. A pesar de que libros de historia están escritos por seres humanos, no están escritos en primera persona; la memoria colectiva sí está en primera persona, la primera persona de cada persona que tiene parte de la historia.

Para hacer una obra de la memoria colectiva en primera persona usando sólo un narrador, es necesario escribirla como ficción. Haciendo esto, es posible hablar de los aspectos más importantes de la memoria y su historia y ponerlos visto; “toda narrativa del pasado implica una selección,” y la memoria colectiva tiene más cosas que la memoria de solo una persona de que se puede seleccionar (Jelín 29). Una obra que se trata de esto no se puede llamarse un libro de historia, aunque lo es.

La memoria de un evento trágico sufre tanta de la dificultad de relatarse con complejidad como del temor de olvidarse. En la novela Nocturno de Chile por Roberto Bolaño, se trata de este problema en Chile después del presidencia de Allende, el golpe de estado de 1973 y la dictadura de Pinochet que siguió. La novela es una obra de ficción, pero la historia a que se refiere es la verdadera, y a través del narrador, Sebastián Urrutia Lacroix, la novela resalta como se sobrevive después de tanta trauma política y personal.

En las primeras dos páginas de Nocturno de Chile, Bolaño, mediante Sebastián, saca los temas más importante de la construcción de la memoria del tiempo de tragedia. Empieza “Ahora me muero, pero tengo muchas cosas que decir todavía” (11). Sebastián tiene el temor de olvidar su historia, la que por cualquier razón no ha dicho “todavía” pero que quiere contar antes de morir. Puede tener algunas razones para este deseo, que Jolin dice “surge de la ansiedad y aun la angustia que genera la posibilidad del olvido” (18). Esta posibilidad de olvido no es del narrador, sino de la memoria colectiva; “es el peso relativo del contexto social y de lo individual en los procesos de memoria,” el sentimiento del narrador que si no comparte su memoria antes de morirse, sus compañeros de memoria se va a perder algo importante de su historia compartida.

Otra tema de la memoria que resalta Bolaño en Nocturno de Chile es el tema del silencio, lo que Jelín llama “la contracara del olvido” (31). Hablar de silencio aquí se refiere a los silencios después de un evento trágico, la incapacidad de repetir lo que pasó por varios razones, incluso los silencios “impuestos por temor” o los voluntarios “para cuidar a los otros.” Pero también es posible que una permanezca silente por no tener una audiencia para escuchar su memoria-historia, que tiene que ver con el sentimiento de urgencia de contar la dicha memoria-historia antes de que su portador se muera. Sebastián, el narrador de Bolaño, se lo describe: “Uno tiene la obligación moral de ser responsable de sus actos y también de sus palabras e incluso de sus silencios…así que mucho cuidado con los silencios” (11). Durante la novela, el narrador permanece silente en muchas situaciones, y también nota los silencios que se encontró. Pero el silencio más fuerte del texto es lo que no está escrito. Nunca queda claro las cosas que Sebastián tiene que decir “todavía.” Y eso también es una función de la memoria de las experiencias traumáticas. Si bien “toda narrativa del pasado implica una selección,” no toda de la selección está hecho voluntariamente:

“Una de las características de las experiencias traumáticas es la masividad del impacto que provocan, creando un hueco en la capacidad de ‘ser hablado’ o contado. Se provoca un agujero en la capacidad de representación psíquica. Faltan las palabras, faltan los recuerdos. La memoria queda desarticulada y sólo aparecen huellas dolorosas, patologías y silencios.” (Jelín 36).

A través de su narrador Sebastián, Bolaño resalta este fenómeno de tener el deseo de contar algo, pero de no poder hacerlo por un problema básicamente sin solución. La represión de la memoria por razones de seguridad o de miedo o de no tener una audiencia se hace permanente después de un tiempo, y impide el proceso de mejorar la situación entera: la del portador de la memoria, la de sus compañeros de memoria, y la de su historia compartido.

El silencio compartido más inquietante del texto que por suerte Sebastián tiene esfuerzo de contar muchos años después es lo que pasó en la casa de María Canales, que invitaba a los intelectuales chilenos a su casa para “soirées” durante un tiempo en que no había muchos lugares en que los intelectuales podrían congregar. Lo que se inquieta es que el esposo de María Canales era “uno de los principales agentes de la DINA y que usaba su casa como centro de interrogatorios.” Sebastián refleja sobre el hecho que esto pudo pasar en silencio, que por un lado supuestamente nadie supo que estaba pasando, pero por otro lado alguien descubrió lo que “Jimmy” hizo una noche, pero todavía nadie dijo nada: “¿Por qué nadie, en su momento, dijo nada? La respuesta era sencilla: porque tuvo miedo, porque tuvieron miedo” (142). El silencio impuesto por miedo perturba la historia; en este caso tiene un impacto inmenso en la historia por el hecho que durante un tiempo en que ya era difícil seguir con la vida normal, uno de los únicos escapas era una casa de interrogatorios. Saber eso hierva la herida de vivir en aquello tiempo aún más, y saberlo pero quedarse mudo es aún peor.

En Nocturno de Chile, Sebastián cree que va a morir porque tiene una fiebre. Esto sirve para racionalizar la construcción extraño de la novela, que no tiene capítulos ni párrafos y que cambia de tema la mayoría del tiempo sin razón clara. Sebastián dice que tiene algo para decir, pero lo que dice es un fluir de conciencia, de memorias a veces no relacionadas, y con referencias a un “joven envejecido” que aparece en el presente pero cuyo identidad no es cierto. Esta “estructura” se puede explicar por la función de la memoria, como describe Gillis, “las identidades y las memorias no son cosas sobre las que pensamos, sino cosas con las que pensamos” (Jelín 25). Es claro que pese de su experiencia vasta de la vida, Sebastián no está seguro de su identidad y no puede contar su memoria en una manera fácil de entender. En una de las últimas páginas del libro, Sebastián admite su inseguridad de identidad: “¿soy yo el joven envejecido? ¿Esto es el verdadero, el gran terror, ser yo el joven envejecido que grita sin que nadie lo escuche?” (149-150). Surge, al final, la confesión de Sebastián de tener miedo de no tener audiencia para su memoria, de ser “el joven envejecido,” que puede ser Sebastián durante el tiempo de la memoria que quiere contar pero no puede.

La manera críptica de Sebastián de contar su memoria, a veces contando conversaciones con amigos, a veces contando historias que sus amigos contó a él, a veces contando lo que estaba leyendo o pensando cuando algo pasó, y sobre todo contando muy poco de la historia política de Chile durante su época, es exactamente “el peso relativo del contexto social y de lo individual en los procesos de memoria” (Jelín 20). A través de su narración enfermizo, lo que Sebastián está contando es parte de “la memoria colectiva,” con contexto individual y social, porque “la realidad social es compleja, contradictoria, llena de tensiones y conflictos. La memoria no es una excepción” (Jelín 37). Hay que ser un ser humano para contar historia, y la verdad es que historia no siempre es fácil de vivir ni entender, y al contarla nada de eso cambia. Una imagen verdadera de la situación de Chile durante los años ’70 no se puede sacar de un libro histórico, pero mediante un testimonio la imagen es más claro, y la novela de Bolaño se trata de un testimonio incompleto pero fuerte que crea una imagen casi roto y críptico cuyo punto no queda muy claro. Sin embargo, parece incompleto y poco claro porque eso es exactamente de que se trata, una historia trastornada que sólo se puede explicar así.

Al fin de la novela, una frase repite: “Así se hace la literatura.” Aparece después de la historia que Sebastián cuenta, cuando visita María Canales en su casa que no más es una casa de interrogatorios y Chile es supuestamente en paz, pero todavía queda mucha para arreglar. Pensando en eso, con fiebre en su cama apoyado en un codo, Sebastián dice:

“Desde hace mucho tiempo el joven envejecido guarda silencio. Ya no despotrica contra mí ni contra los escritores. ¿Tiene esto solución? Así se hace la literatura en Chile, así se hace la gran literatura de Occidente…Poco puede uno solo contra la historia. El joven envejecido siempre ha estado solo y yo siempre he estado con la historia.” (148)

El joven envejecido puede ser Sebastián, puede ser Chile, o puede ser la memoria colectiva chilena. “Poco puede uno solo contra la historia,” y por eso es necesario tener una memoria colectiva porque “en resumen, la ‘experiencia’ es vivida subjetivamente y es culturalmente compartida y compartible” (Jelín 37). Al escribir la novela Nocturno de Chile, Roberto Bolaño creó lo que Jelín llama un “vehículo de la memoria” que sirve para contar parte de la memoria colectiva de Chile, confusa, trastornada, y sobreviviendo. Así se hace la literatura.

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